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El impacto de los grandes eventos deportivos en el sistema de infraestructuras

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Los grandes eventos deportivos, como los Juegos Olímpicos o los Mundiales de fútbol, brindan una oportunidad para replantearse las ciudades, las redes de transporte y las infraestructuras. Los mega eventos, en efecto, han contribuido a impulsar la transformación urbana en ciudades como Barcelona, Londres, Río, Pekín y Shanghái, creando valor para la comunidad anfitriona y para la región.

En el imaginario común, los Juegos Olímpicos y los Mundiales significan banderas, hinchadas y maratones televisivos, pero en realidad, los grandes eventos deportivos traen consigo importantes transformaciones gracias a las inversiones que logran atraer al territorio. Proporcionan legitimidad, tanto a los ojos de los políticos como de los ciudadanos, para la adopción de un programa de infraestructuras a gran escala, que, a largo plazo, puede fomentar el crecimiento económico con beneficios tangibles para la ciudad anfitriona, al tiempo que mejora su imagen internacional. En efecto, el gran número de atletas, periodistas, funcionarios y turistas que llegan de todo el mundo impulsan a las ciudades a experimentar nuevos modelos y patrones urbanos, con el fin de mejorar las infraestructuras para acoger a los visitantes.

Pero ¿cómo están cambiando las ciudades? Las intervenciones más incisivas se refieren a la construcción o remodelación de instalaciones y recintos multifuncionales, sistemas de transporte y otras infraestructuras vitales, como las de suministro de agua, distribución de electricidad, telecomunicaciones, aeropuertos y hoteles.

Cada vez más, los proyectos también van de la mano del compromiso de los países patrocinadores para tutelar el medio ambiente y la sostenibilidad. Por ejemplo, durante los Juegos Olímpicos de Londres 2012 se creó la Comisión para un Londres Sostenible 2012 (CSL), un organismo independiente que supervisó y garantizó la sostenibilidad de los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Sin embargo, el tema también es muy controvertido. A menudo, los problemas de los planes de mega eventos deportivos están relacionados con el hecho de que, una vez finalizados los eventos, los edificios corren el riesgo de quedar sin uso, lo que constituye un considerable despilfarro de recursos. Sin embargo, hay muchos buenos ejemplos de cómo el legado de los grandes eventos deportivos internacionales ha contribuido a la valorización de las ciudades anfitrionas. Tras la finalización de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, el Parque Olímpico Reina Isabel se convirtió en una atracción turística, permitiendo la reurbanización de la parte este de la metrópoli. Volviendo atrás en el tiempo, los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972 sirvieron de impulso para la construcción de un sistema de metro que sigue sirviendo a los ciudadanos aún hoy. Un proyecto de este tipo habría tardado normalmente entre 10 y 15 años en completarse, pero gracias al plazo olímpico, se entregó con éxito en sólo cinco años. Y en China, con los Juegos Olímpicos de 2008, la Terminal 3 del Aeropuerto Internacional de Pekín se completó en sólo cuatro años, convirtiéndolo en uno de los ocho aeropuertos más traficados del mundo. Por último, en Barcelona, que acogió los Juegos Olímpicos de 1992, el número de turistas en la ciudad se duplicó de 1992 a 2000 hasta alcanzar un total de 3,5 millones por año. El estadio Santiago Bernabéu de Madrid, teatro del Mundial de 1982, está considerado hoy en día como uno de los estadios más prestigiosos de Europa, destino de “peregrinación” para aficionados de todo el mundo.

Allí, por tanto, donde el compromiso de las administraciones se dirige a valorizar las instalaciones construidas de la mejor manera posible, definiendo de antemano planes de crecimiento y empleo a largo plazo, los mega eventos deportivos se convierten en un extraordinario motor de desarrollo infraestructural y urbano.

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